Apagón en Venezuela: sube a 21 la cifra de muertos por causa del corte de energía

 A las 4:54 de la tarde se escuchó un grito: Se fue la luz”. No era una novedad. En Venezuela los apagones se han hecho frecuentes en los últimos dos años. La verdadera novedad vendría minutos después: el apagón fue en todo el país. Caracas, la capital protegida, la que no sufre como otras regiones todas las carencias, la que goza de un sistema redundante de distribución del servicio eléctrico, no se salvó. 

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El primer reto para muchos fue llegar a sus hogares, antes de que cayera el sol. No lo lograron. Cientos de personas se volcaron a las calles, al dejar de funcionar el Metro de Caracas. Caminaron y caminaron incluso hasta la medianoche.

El segundo reto fue lograr tener señal telefónica, especialmente de las operadoras móviles. Movilnet, la prestadora pública de servicio celular, quedó fuera del juego. En adelante, las comunicaciones digitales dependerían en gran medida de Movistar (filial de Telefónica) y Digitel.

Algunos confiaban en que el servicio sería restituido en pocas horas. A las 5: 55 pm, un tuit de la Corporación Eléctrica Nacional reportaba: “Sabotearon la generación en Guri… Esto es parte de la guerra eléctrica contra el Estado. ¡No lo permitiremos! Estamos trabajando para recuperar el servicio”. A las 6 pm, en un contacto telefónico con Venezolana de Televisión, el ministro de Energía, Luis Motta Domínguez, estimaba que la restitución del servicio tardaría tres horas.

“Hemos sido objeto nuevamente de la guerra eléctrica. Nos atacaron la parte de generación y transmisión del estado Bolívar, específicamente en el Guri, la columna vertebral de la electricidad. Pero como ustedes saben aquí hay un gobierno moralizado. No nos van a derrotar… Nosotros estamos estimando que con los trabajos de rehabilitación y maniobras podríamos estar hablando de unas tres horas para restituir el servicio”.

Pero pasaron las nueve, las diez, las once, las doce de la noche, la una, las dos y las tres de la madrugada. Muchos se fueron a la cama totalmente a oscuras y despertaron sin energía eléctrica. Esto no es normal. Al menos no para los caraqueños.

La planta hidroeléctrica de Guri, junto a las de Caruachi y Macagua, ubicadas en el estado Bolívar, al sur de Venezuela, producen 70% de la electricidad que consume el país. La energía que se usa en Caracas proviene de Guri y dos termoeléctricas localizadas en el centro del país. El sistema ha garantizado que, a diferencia de otras zonas de Venezuela, la capital no sea tan afectada al fallar el servicio. Extraordinariamente, en el estado Bolívar y en algunas zonas del oriente del país, que suelen recibir electricidad racionada, fueron los primeros en tener luz, ya que no dependen de Guri, sino de la planta de Macagua.

La expectativa, 8 de marzo 

El viernes 8 de marzo cada hora iba marcando un récord en cuanto a la ausencia de electricidad. Las clases fueron suspendidas, así como la jornada laboral.

Luego de 17 horas, progresivamente se iba reactivando el servicio en Caracas. Pero no en el resto del país.

El primer reto del día era conseguir alimentos frescos. La mayoría de los locales estaban cerrados, excepto tiendas de la red Farmatodo y algunos supermercados, cuyos locales cuentan con plantas eléctricas. Sin dinero en efectivo y sin electricidad era casi imposible comprar algo. Pero poco a poco en algunos restaurantes, bodegones y hoteles empezaron a recibir pagos en dólares. Así cuatro dulces caracolas llegaron a costar cinco dólares, una caja de cigarrillos 2, 50 dólares. Hielo, agua y bebidas eran de los artículos más solicitados.

Una sonrisa de alivio se asomó, porque para las 12 del día en muchas zonas de Caracas había servicio eléctrico. La alegría duró poco. Mientras, Juan Guaidó se reunía con un grupo de mujeres en la plaza de Los Palos Grandes, que celebraban el Día Internacional de la Mujer.

El segundo reto era conseguir otra vez señal telefónica. Los caraqueños descubrieron que en algunas zonas de la ciudad en plena calle se ampliaba la señal. Otros ubicaron puntos de electricidad para recargar las baterías de los celulares.

El tercer reto era tratar de saber qué estaba ocurriendo. El Circuito Ondas de Unión Radio se convirtió en el rey de los contenidos. Periodistas y locutores estuvieron ofreciendo información. En las redes sociales pocos medios digitales, entre ellos Efecto Cocuyo, iban actualizando los datos.

Aún no se tenía una versión oficial de lo que había ocurrido, pero ya se sabía que era el peor apagón de la historia venezolana.

A las 8 pm, el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, afirmaba “agredieron el control automatizado de regulación del sistema de la hidroléctrica Guri que abastece 80 por ciento de la energía eléctrica al país.”

De acuerdo con Rodríguez, el ataque consistió en alterar el software que regula los generadores de la central, los cuales automáticamente se apagan como medida de seguridad. Responsabilizó al gobierno de Estados Unidos de estar detrás del ataque y citó tuits del senador Marco Rubio y del secretario de Estado, Mike Pompeo, como prueba de sus señalamientos.

Para la noche del viernes se había restituido el servicio eléctrico en distintas zonas Caracas. En la avenida Francisco de Miranda había aceras con cuadras iluminadas, otras a oscuras. Todas las luces de la avenida Libertador estaban encendidas, mientras los edificios no tenían electricidad. En las afueras del Palacio de Miraflores, las luminarias parecían de un estadio. Se preparaban para la marcha del sábado, en la cual conmemorarían el cuarto año de la declaratoria de EEUU contra el gobierno de Maduro al que consideran una amenaza para la seguridad del país norteamericano.

El reto, el gran reto fue el de las personas enfermas, pacientes internados en centros hospitalarios. Para el final del día, el diputado José Manuel Olivares declaraba que habían muerto tres infantes por causa del apagón. No obstante, en la mayoría de los hospitales en Caracas funcionaban las plantas eléctricas. En otras zonas del país se reportaron deficiencias en hospitales de Maturín y Maracaibo, según informe del doctor Julio Castro. 

Una vez más la mayoría de los caraqueños se fue a la cama sin energía eléctrica. 

Nuevamente la alegría animó la mañana. En muchos sitios en Caracas había electricidad, la gente salió a hacer compras, otros a caminar. También decenas se sumaron a la convocatoria hecha por Guaidó en la avenida Victoria, donde se congregaron desde las 9 am. Igualmente, seguidores del chavismo marchaban contra el imperialismo. 
Los retos fueron creciendo. El servicio eléctrico fue nuevamente interrumpido. Comenzaron las fallas en hoteles con plantas eléctricas. Era casi imposible tener señal telefónica y menos datos para navegar por internet. El observatorio de medición de Internet Netblocks registró, el 9 de marzo a las 11:38 am, que 96 % de Venezuela estaba sin acceso. 
Las emisoras de radio independientes que habían estado muy activas el viernes, no podían seguir el ritmo. Menos información y más propaganda. En los medios del sistema público repetían una y otra vez las declaraciones de Jorge Rodríguez. 
Pasadas las 3 pm aumentaba la cantidad de personas en la calle que buscaban alimentos o simplemente una señal telefónica. 
Guaidó habló a sus seguidores con un megáfono. Anunció que habría acciones de calle en todo el país, para traer “Venezuela a Caracas”. 
Antes del anochecer apareció por primera vez en más de 50 horas el gobernante Nicolás Maduro. Lo hizo en el cierre de la marcha antimperialista. Allí aseguró que el sistema eléctrico había recibido cuatro ataques: dos cibernéticos, uno electromagnético y un incendio en una subestación. 

Se deducía de su alocución que no será tan sencillo estabilizar el servicio. 

Llegó la tercera noche sin luz. Tal vez la más oscura de las tres. Los pocos focos que se veían en las calles caraqueñas eran de locales con plantas eléctricas. Algunos edificios parecían faros incendiados en medio de la oscurana. 
Y entonces, hubo protestas. En La Candelaria se oyeron detonaciones. Vecinos informaron que la fuerza pública reprimió con perdigones. Un recorrido de Efecto Cocuyo a las 11:30 de la noche halló vestigios de basura quemada en la esquina de Candilito, en la avenida Urdaneta, así como una tanqueta. Una columna de motorizados de la Policía Nacional abandonaba la zona. 
En Chapellín, avenida Baralt y avenida Andrés Bello había rastros de disturbios. Dos motos con sendas parejas daban vueltas por la avenida Los Mangos de La Florida. 

“Desde la esquina de Truco (av. Baralt) estaba un grupo de jóvenes protestando, quemaron cauchos y basura, eran las 11: 30 pm aproximadamente. Luego aparecieron tropas, un grupo de 50 guardias nacionales con escudos antimotines y detrás de ellos un escuadrón motorizado. Desde los edificios lanzaron botellas, molotov, todo eso en la oscuridad más intensa que he visto en 50 años. Así se fue dando la noche, iban, venían motorizados, los muchachos huían y los uniformados eran recibidos con improperios y botellazos. Pasadas las 2.30 am, escuché a los vecinos gritar : ladrones, hijos de puta a los uniformados que habían regresado, esta vez, acompañados de otros efectivos. En la esquina de Caja de Agua, apagaron las motos, las camionetas que le acompañan hicieron lo mismo, y dispararon hacia los edificios, después “saquearon” el abasto La Galicia”, relató una vecina de la zona.

La gasolina, 10 de marzo 
La mayoría se acostó y levantó sin electricidad. Sin embargo, el reto de este día desde temprano era hallar gasolina. El recorrido de Efecto Cocuyo por el centro de Caracas fue infructuoso; la búsqueda cesó en Las Mercedes, municipio Baruta. En una de las principales estaciones de servicio de la ciudad una línea de más de un kilómetro avanzaba, resguardada por la policía de Baruta. 

En algunas zonas recibieron servicio de agua. Mientras poco a poco se iba restableciendo, de manera intermitente, la electricidad en algunas parroquias de Caracas. El Hatillo, en el área metropolitana, alcanzó 72 horas sin luz, al igual que otras regiones de Venezuela, entre ellas el estado Zulia.

Las angustias van creciendo. Comida podrida en los hogares, imposibilidad de comunicación entre familiares, menos dinero en efectivo. En locales de expendio hay carteles que informan: no hay hielo. En la calle, quienes tienen dinero en divisas, buscan hacerse con algunas provisiones. Una bolsa de hielo puede costar entre dos y cinco dólares, pagados en moneda extranjera. 

Caracas, la intocable, apenas le ha dado una probada a las carencias que se viven en otras regiones del país y ya la sensación de estar en una ciudad asolada por una catástrofe se va convirtiendo en certeza. “Falta mucho por hacer. El ataque ha sido muy certero”, declaraba la tarde de este domingo el general Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa.

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