¿Estado plurinacional? Nada por celebrar

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Hoy, vestidos de ponchos, con indígenas de distintos pueblos como simple ornamento, una vez más los impostores celebrarán la farsa del Estado plurinacional que, lejos de ayudar a construirlo, han desahuciado.

Hay quienes aseguran que se ha avanzado en esta construcción, aunque con varios temas pendientes, por la inclusión que se ha dado de indígenas en los distintos niveles del aparato estatal. Sin embargo, esa inclusión ya estaba en curso, y justamente Evo es el resultado, no su causa.

Más allá de ciertos logros que podemos reconocer, es necesario destacar las razones que sepultan la posibilidad del Estado plurinacional.

En contradicción con el discurso de autonomías indígenas, el Gobierno ha hecho lo imposible por anularlas y convertir a los indígenas en operadores sumisos de todas sus decisiones. Ha cooptado, vía prebendas, las distintas organizaciones; ha dividido a las rebeldes y ha perseguido judicialmente a sus dirigentes. Ha silenciado las críticas de sus creyentes bajo el chantaje de “la derecha se va a aprovechar”.

Les ha impuesto autoridades, decisiones, cultura, modos de vida e incluso sueños y aspiraciones, anulando sistemáticamente sus usos y costumbres.

Ha violado la CPE y los tratados internacionales que protegen los territorios indígenas para entregarlos a la rapiña soyera, cocalera, minera y transnacional.

Se ha aliado con los verdugos de los indígenas, los latifundistas, y los ha llenado de regalos que permiten su enriquecimiento a costa de la destrucción de bosques y selvas, fuente de vida de los indígenas y de todos nosotros.

Ha destruido las bases que se sentaron en la educación bilingüe para reemplazarla por un mamarracho sobre el que hasta el día de hoy no deja de experimentar.

El Estado plurinacional hoy en realidad es un Estado neocolonial que, como nunca antes en la historia, ha debilitado las voces reivindicatorias de los pueblos indígenas.

Yo sí quiero un Estado plurinacional.

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