Erick habló conmigo sobre fascismo/totalitarismo

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Andrés Gómez Vela
Hace 15 días un joven de aproximadamente 25 años (Erick) me abordó en el Obelisco de La Paz, cuando esperaba micro para volver a casa. Y me habló con pasión de Política, de su miedo al totalitarismo y su decisión de enfrentarlo. 
Ambos coincidimos que la democracia es por antonomasia un sistema de disenso permanente, en el que, sin embargo, debe haber de entrada consenso en las reglas de juego (Constitución). El pacto de convivencia consiste en respetar esas reglas que no pueden ser cambiadas cada vez que a un gobernante o poder fáctico se le ocurra, salvo que perturbe el avance de la misma democracia. 
Bajo esta mirada es indispensable el poder democrático para garantizar la existencia y la persistencia de derechos fundamentales, entre ellos la libertad de expresión y de asociación, normas constitutivas para hacer vida política y ejercer otros derechos. 
En consecuencia, un gobierno no democrático no garantiza las libertades fundamentales y termina concentrando poder en una sola persona, quien a su vez es objeto de manipulación de una élite corrupta, que construye el mito de que es superior a todas para eternizarse en el poder, en contracorriente a la democracia, que fomenta muchas élites y les da las mismas oportunidades para pelear por la administración del Estado. 
En esta parte, Erick se declaró preocupado por la reelección indefinida y por el ataque del gobierno del MAS a periodistas independientes y a ONGs. Recordó que el fascismo cometió acciones similares contra las libertades democráticas. 
El nazismo y el fascismo nacieron de la miseria, de la crisis, de la falta de trabajo y del hambre. En el peor momento, aparecieron Hitler y Mussolini y ofrecieron a los desesperanzados acabar con el liberalismo, al que culparon de todo. Y así nació en Alemania el nacionalsocialismo como el “verdadero socialismo” (convivencia de clases sociales bajo el amparo de un Estado). 
Jean Touchard subraya que el fascismo antes que una política es una mitología, más que un programa impone un estilo. A su juicio, tiene el sentido de la decoración, de la multitud, de la escenificación, de los grandes símbolos. 
Por ello, sus cultores hacen todo lo posible para mitificar al jefe, a quien presentan ante la colectividad como un insustituible e inobjetable “dios político”. 
Su propósito es anular la racionalidad de la colectividad. Por eso, Hitler manifestó, en una ocasión, a sus leales: “No es la inteligencia que corta los cabellos en cuatro la que ha sacado a Alemania de su desamparo; la razón os hubiese desaconsejado venir a mí, sólo la fe os lo ha mandado”. Dejó en claro que la vida del fascista se limitaba a “creer, obedecer, combatir” y no a pensar. 
La irracionalidad pone al Estado por encima del ser humano. La frase “Todo por el Estado, todo para el Estado” se convierte en un axioma. El Estado no tolera la separación de poderes, aniquila toda oposición y genera un totalitarismo intelectual, que se resume a una verdad de estado, propaganda y movilización de gente. Así nace la famosa fórmula de Mussolini en la Scala de Milán: “Todo en el Estado, nada fuera del Estado”. 
Carl J. Friedrich, en su libro “Totalitarian dictatorship and autocracy”, escrito en colaboración con Zbigniew Brzezinski, señala seis criterios para reconocer el totalitarismo: 1) Una ideología oficial, es decir, un cuerpo oficial de doctrina que cubre todos los aspectos de la vida humana; 2) Un sistema de partido único dirigido por un dictador; 3) Un sistema de control policiaco; 4) La concentración de los medios de propaganda; 5) La concentración de todos los medios militares; y 6) El control central y la dirección de toda la economía.
Al final de la charla, Erick dijo que en Bolivia hay un régimen fascista. Le respondí que no. Lo que hay es una sensación térmica, la democracia todavía respira. Dependerá si sigue con vida de la gente como Erick, apasionado joven político. 

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