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Historia en contra ruta 

Hasta hace unos años nada más, mineros, obreros, fabriles, intelectuales, profesionales salían a las calles, se manifestaban, marchaban, hacían huelgas de hambre y morían para que les dejen votar y vivir en democracia, usurpada por ese entonces por la derecha fascista. Hoy 2008, grupos de derecha, cívicos, empresarios, arman huelgas de hambre, marchan y toman las calles para impedir a aquella misma gente votar y vivir en democracia.

Hasta hace poco tiempo, el embajador de turno de Estados Unidos gobernaba Bolivia, tenía el poder como para cambiar ministros, vetar embajadores, presionar a los presidentes bolivianos de turno, desarmar misiles y los presidentes de aquella vez, Jaime Paz Zamora, Gonzalo Sánchez de Lozada, Hugo Banzer Suárez, Jorge Quiroga, acataban en silencio. Desde 2006, Bolivia cambió de amigos y optó por el Presidente Venezolano, Hugo Chávez, y los herederos de aquella derecha gritan hoy “indignados”: basta de injerencia.

Hasta hace poco era común matar indios; el último Presidente que ordenó una masacre fue el emenerrista Gonzalo Sánchez de Lozada; nada más ni nada menos que causó 67 muertos y más de 300 heridos; los acérrimos defensores de la vida de hoy no abrieron la boca ese fatídico 2003 ni siquiera para bostezar, menos para condenar el crimen. El gobierno indígena de Evo Morales no ha cambiado la realidad, siguen muriendo indios y pobres, pero esta vez son carne de cañón de los intereses de sus mismos opresores (La Kalancha – Sucre). ¿Cuánto vale la vida de un indio a estas alturas de la historia?

Durante las dictaduras, los paramilitares portaban la muerte en su sangre y disparaban a mansalva contra los luchadores y luchadoras del Estado de Derecho. Tenían preso a la democracia, la torturaban cada vez que se despertaban de mal humor y cargaban en su conciencia, como si no pesara nada, decenas de vidas. Hoy, 2008, los paramilitares disfrutan de los beneficios del sistema que encarcelaron y combatieron; es más, basta un paramilitar como Jaime Solares para manchar la democracia otra vez de sangre.

Hasta hace poco, los cocaleros del Chapare y su comandante Evo Morales eran los principales bloqueadores del país, cerraban durante semanas, la carretera Santa Cruz – Cochabamba en defensa de sus plantaciones ilegales de coca, hoy, 2008, son los permanentes bloqueados por diversos sectores. Queda confirmada la teoría de que los alumnos son mejores que el profesor.

En agosto de 1985, la derecha emenerrista, aliada a la adenista, aprobó el Decreto 21060, que violó la Constitución con premeditación y alevosía, desconociendo desde el derecho a un salario digno hasta la vida social de las empresas estatales, olvidando la soberanía nacional. Hoy, agosto, 2008, esa misma derecha clama por la inconstitucionalidad de la constitución que ella misma aprobó desde 1994 y posteriormente la amplió el 2004.

En octubre 2003, la derecha comandada por Goni se aferró hasta el final para no convocar a un referéndum del gas, sus acólitos apoyaron su decisión de no nacionalizar Yacimientos y mantener el gas en manos trasnacionales; después de la masacre, los principales beneficiados de la nacionalización conseguida con sangre de indígenas y pobres son los mismos derechosos que defendieron al verdugo de los mártires. Es decir, hoy beben de la sangre que festejaron cuando fue derramada.

El gobierno del MAS entrega a la derecha el mejor arma para que lo mate: el voto. La derecha no la acepta. Su propio enemigo le regala un puñal para matarle de un corte mortal y se niega a hacerlo. Le acepta el juego con sus propias reglas: la democracia que construyó durante 20 años y se niega a jugar. ¿Tiene miedo a su propio juego?

La historia es irónica, va en sentido contrario, va en contra ruta, o va en sentido correcto y ¿somos usted y yo los que vamos en sentido contrario?

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