La ciudad de El Alto y su arquitectura

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Los últimos años han sido de una vorágine en cuanto a la cobertura mediática de la arquitectura que se realiza en la ciudad de El Alto, si bien su visión ha carecido de rigor teórico, ha posesionado otra forma de hacer arquitectura menos convencional.

La ciudad sigue unos patrones de ocupación y dinámica espacial muy particular, El Alto no tiene un centro urbano, ni una estructura urbana como ciudad. Se puede decir que crece ajena a la modernidad, al carecer de normas actualizadas (la actual norma de uso de suelos data de hace más de 20 años) y carece de planificación en varios ámbitos… El Alto crece ajeno a la intervención estatal, la cual se reduce a sembrar cemento y pintar de colores los espacios públicos, para maquillar la ciudad, esa es la “modernidad aparente” que logra buenos réditos electorales.

No se puede entender la arquitectura sin tomar en cuenta al grupo social que hace uso de ella. En este sentido, para entender la arquitectura más ostentosa de El Alto se debe entender al Qamiri, que es su impulsor. El comercio “informal” y la fiesta folklórica fueron sus primeras expresiones, la arquitectura es su tercera expresión.

La arquitectura de El Alto –y la aymara en si- se basa en un tipo arquitectónico básico: el “utilitario popular”, tan característico y que sigue siendo la base de las viviendas de la ciudad, consta de un bloque con volado hacia la calle, sin retiros y muros ciegos, comercio en la parte inferior y la vivienda en los pisos superiores. Este tipo arquitectónico surge en plena época neoliberal en la que era menester que la vivienda pueda generar ingresos en medio de la informalidad y la precariedad económica. Las actuales expresiones arquitectónicas alteñas comprenden el “enmascaramiento” del tipo arquitectónico “utilitario popular” para fines simbólicos y de diferenciación social, en este sentido se diferencian cuatro Variantes Estéticas:

  • Variante “Ecléctico Historicista”. Son edificios que mezclan elementos arquitectónicos de distintas épocas y lugares. A esta variante pertenece la Pensión Bogotá que aparece en “¿Quién mató a la llamita blanca?”, edificio ecléctico que antes de 2005 aparece como símbolo arquitectónico de El Alto.
  • Variante “Arquitectura Andina”. A esta variante pertenece el clásico “cholet” que se originó en las laderas paceñas y fue popularizado en el extranjero por Freddy Mamani. Se caracteriza en mezclar referencias iconográficas identitarias como la chakana y el aguayo con elementos occidentales como el chalet.
  • Variante “Arquitectura Transformer” planteada y popularizada por Santos Churata, aquí la subjetividad escala a un nuevo nivel, ya que las referencias a personajes de ciencia ficción son preeminentes, desde Optimus Prime a Iron Man.
  • Variante “Minimalismo Policromo”, cuya estética no solo se orienta a edificios festivos, sino también a residenciales. Se basa en formas minimalistas, pero con la saturación de colores que el alucobond y las estructuras de aluminio puedan permitir. Es la variante de mayor crecimiento, pero al ser carente de “espectacularidad” no recibe tanta atención como las dos anteriores.

La estética nos muestra algunas características del Qamiri, como su afán de diferenciación social con sus pares aymaras de menos recursos, la preponderancia de la imagen del edificio por sobre la integralidad arquitectónica, el espectáculo como un medio de sentar presencia física y simbólica, el desafío a los cánones y normas convencionales y la arquitectura como un medio para ganar prestigio y reconocimiento social. En este sentido esta arquitectura entra en parámetros posmodernos, es Arquitectura Posmoderna Aymara.

También son notorias sus contradicciones, podrían interpretarse como una arquitectura de afirmación identitaria, pero la adopción de formas modernas implica una apertura a la influencia externa, al menos de forma figurativa. Se dice que es una arquitectura descolonizadora, pero tampoco demuestra valores comunitarios (al lado de una construcción qamiri está una vivienda en las sombras). Se manifiesta que es una arquitectura en armonía con la Pachamama, pero es notorio la ausencia de árboles, jardines y sistemas ahorro energético.

Lo cierto es que es un primer paso hacia nuevos planteamientos arquitectónicos, la pujanza del rico aymara debía ser manifiesta de alguna forma, es previsible que la nueva generación de profesionales arquitectos optimicen estas expresiones, ya con una mentalidad más contextual y conscientes de su rol social. El verdadero desafío implica superar el tipo “utilitario popular” hacia formas más amigables con el entorno, que contenga simbolismo, confort y una estética con sentido social.

“Es responsabilidad del arquitecto, entre tantas otras, el permanecer en contacto estrecho con la cultura de su sociedad, de interpretar los conceptos y símbolos y de expresarlos en formas funcionales” (Unión Internacional de Arquitectos, UIA)

Es Arquitecto alteño

gjalejomamani@gmail.com

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