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Sócrates y el proceso electoral boliviano
Opinión

Sócrates y el proceso electoral boliviano 

Por: Adalid Contreras Baspineiro

Resulta un ejercicio por decirlo de algún modo, raro, acudir al pensamiento socrático para interpretar el proceso electoral boliviano. Es raro, pero sirve para analizar tanto los procesos de producción, así como los de apropiación discursiva. Y esta validez radica en que la esencia filosófica de Sócrates, considerada como un co-filosofar, está basada en el desarrollo de un proceso dialogal combinado de conversación y redefinición.

Cierto es que el método socrático, basado en la ironía, podría someterse a cuestionamientos ante la comparecencia latinoamericana cultora del diálogo en relaciones de horizontalidad con aprendizajes mutuos, además de un sentido altruista de la comunicación participativa convivencial y liberadora. Así y todo, como veremos, sirve para agarrar retazos del enredado proceso electoral boliviano y luego zurcirlos en un todo.

El método de la refutación y el reconocimiento

De manera general, porque no es nuestro propósito desarrollar sus detalles, digamos que el método socrático se caracteriza por el desarrollo de dos momentos. El primero es la refutación que tiene carácter negativo y el segundo la mayéutica que es positiva. Vamos a ver cómo en el proceso electoral predomina ampliamente el primer momento.

La refutación no es sino mostrarle al interrogado, mediante una serie de preguntas, que las respuestas que cree verdaderas, en realidad son contradictorias, o que creyendo haber salido del paso con una gambeteada de oro, en realidad cometieron una chambonada porque se suele caer en inconsistencias discursivas. Estas preguntas y contra preguntas deberían provocar un proceso de argumentaciones y contraargumentaciones, hasta que el interpelado descubra por sí mismo y no por imposición externa sus debilidades discursivas.

A modo de ejemplos, dos situaciones distintas de nuestra coyuntura electoral. La primera cuando el entrevistador le pregunta al entrevistado que se asume socialista, qué es el socialismo y él responde, entre otros elementos que es ser pluralista y democrático, y antes, que es ser sociable. Esto hace estallar las redes sociales de memes en realidad poco sociables. Este es un caso en el que la interrogación no necesita adentrarse mucho para que la refutación provoque un resultado con matices insuflados por un proceso electoral polarizado.

En este caso, sí se transita de la refutación al reconocimiento del interlocutor sobre las limitaciones de su respuesta. En tanto, en el ámbito de las audiencias, se conforman grupos que disfrutan la ironía cargada de saña política, otros que refutan el acribillamiento aduciendo razones discriminadoras, y otros más que sienten agotamiento con la saturación que provoca un tema cuando se abusa de sus alcances y, como es sabido, éste es el momento en el que la política funciona como un espejo con función refractaria, al que cuando le iluminas con una luz éste te la devuelve, nublándote la vista.

Otro caso, que pasó casi desapercibido, es el de un espacio de entrevistas a líderes políticos, en este caso candidatos vicepresidenciales de los frentes y partidos que aparecen en la escala inferior de la preferencia electoral. El programa en cuestión acude como entrevistadores a analistas políticos, los que preparan sesudamente sus preguntas, talvez sin saberlo, al estilo socrático, buscando explicaciones a situaciones controversiales, que llevan a que el escenario se convierta en un espacio de interpeladores e interpelados, para disfrute de una ciudadanía ávida de conocer a los candidatos y sus propuestas.

Una de las preguntas inquirió a una de las candidatas vicepresidenciales la explicación sobre la elegibilidad de magistrados, jueces y jurados mediante el kleroterion,[1] como lo plantea el programa de gobierno de su partido. La primera respuesta fue que el programa ya había sido superado y actualizado en el contexto de la pandemia y de la crisis económica, por lo que había cambiado su enfoque. No respondió y se dedicó a dar una vuelta por las tangentes de la institucionalidad estatal. Es de suponer que la interpelada y sus asesores se felicitaron por su viveza para torear el asunto. Es presumible también que el entrevistador quedó estupefacto con la respuesta y satisfecho con su pregunta que la replanteó sin recibir respuesta. Así como es indudable que quienes vimos el programa, nos lamentamos por el cuestionable rol de quienes quieren de este modo capturar nuestros votos y representarnos en el manejo de los hilos del Estado.

El caso anterior no fue el único en este programa televisivo. Podríamos particularizar casos en los otros participantes con sus propios enredos que por regla acaban por auto alabar sus propias cualidades, las de su partido y las de su líder, sumado a esto un descarnado ataque a los opuestos. Desde la perspectiva del análisis de discurso, con el tipo de respuestas vistas se activan la sinécdoque (evasión), provocando el hipérbaton (confusión), y más aún con el manejo facilón de la antonomasia (adjetivación), bien acompañada de la búsqueda de metonimia (descalificación)

La sensación que dejan los programas con preguntas estudiadas y respuestas elusivas, para algunas lecturas podrían estar explicando la posibilidad de que no existan programas. Personalmente afirmo que, aun existiendo propuestas, no se las sabe exponer, argumentar, ejemplificar, entusiasmar con sus contenidos a las ciudadanías para que se las apropien y las respalden. No quiero entrar en elucubraciones sobre las razones para estas situaciones, pero no habría que descartar que existe desconocimiento o insuficiente apropiación de lo que contienen sus programas. Estas son experiencias de procesos inconclusos de la refutación socrática, porque a cada pregunta que quisiera poder enfocar adecuadamente el tema, la respuesta es siempre la misma: evasión, adjetivación, descalificación, confusión, ch´enko total generador de desánimos y engrosamiento de las listas de indecisos.

Resumiendo hasta aquí la conveniencia o inconveniencia de la interpelación en política, concluyamos en que es necesaria. Claro que hay modos y modos de plantear las preguntas. Sócrates recomendaba a los entrevistadores no mostrar superioridad para poder generar un proceso en el que los entrevistados vayan ellos mismos, procesualmente, autoconvenciéndose de las contradicciones o fragilidades de sus argumentos. No creo que los procedimientos televisivos que dan un minuto para las respuestas, además de la discontinuidad del hilo conductor de los temas que saltan de un punto a otro, puedan lograr estos propósitos de autoreconocimiento, sino que, por el contrario, deben estarse deteniendo en los falsos autoconvencimientos de la cachaña política como un genuino recurso democrático.

Entre la retórica y la dialéctica

Pensando ya no en la relación entrevistador – interpelados que permite la dinámica de la refutación y la autocrítica, sino en la relación líderes políticos y ciudadanías, es de interés recuperar del pensamiento socrático sus diferencias con la retórica, a partir de sus recursos incisivos que provocan negación y afirmación, por lo que es conceptualizado como dialéctico.

En la fase que estamos viviendo de la campaña electoral, las estrategias deben estar definiendo si se quedarán encasilladas en el uso de la retórica que busca la persuasión y el convencimiento de las ciudadanías adulándolas, o apelando a sus necesidades, creencias, deseos y aspiraciones (el alma decía Aristóteles) para sintonizar con ellas y generar empatías. Por supuesto que, para que este ejercicio funcione, es decisiva la capacidad de oratoria de los líderes, ya que tienen que tener capacidades para exponer, concitar atención, cautivar, entusiasmar, convencer y adherir votos.

Este recurso toma en cuenta con detalles y máximo cuidado lo que podríamos denominar como el territorio político, donde el lugar, el momento, el medio, los participantes, el lenguaje juegan un rol trascendental. Ciertamente, no es lo mismo un discurso en la plaza pública o en el balcón, que la exposición en el set de televisión, en los estudios de radio, o en los flujos raudos y lúdicos de las redes sociales. Por eso la retórica requiere relievar la forma o la estética del discurso político.

Sin negar la importancia de estas formas de relación que (re)mueven las emociones, la dialéctica socrática se basa en la apelación a la vitalidad de los argumentos, cuya articulación está dada no sólo con los sentimientos, sino especialmente con los razonamientos o, como decía Sócrates, con la verdad, que está hecha de opiniones y de probabilidades. Desde este punto de vista, la persuasión no se detiene en la inmanencia de la empatía con las aspiraciones ciudadanas expresadas desde su vida cotidiana, sino que, recogiéndolas, las direcciona con la trascendencia de las reivindicaciones de los derechos ciudadanos y de las ideologías, hacia las definiciones estructurales y valores universales de una sociedad.

Para el desarrollo de esta forma de relación con las ciudadanías, dice el método socrático que es necesario el techné, es decir el arte o la técnica capaz de articular argumentos con aspiraciones ciudadanas, siguiendo un proceso inductivo. Y este dispositivo – metodología es el diálogo, que no se detiene en la captura de deseos para darles respuesta, sino que los conduce, desde el sentido común, hasta las explicaciones de las causas de las cosas, la definición de otras formas de sociedad, y las formas de encaminar alternativas para alcanzarlas. El sentimiento transita hacia la razón, por lo que es una relación que produce nuevo conocimiento, a partir de los acuerdos entre los distintos actores.

En el proceso electoral se está acudiendo en demasía al primer argumento y no se están explotando con suficiencia las bondades del segundo. En realidad, las estrategias tienen que saber combinarlas, porque ambas son importantes y necesarias. En la comprensión de Sócrates, mientras la primera satisface los placeres del paladar, la segunda atiende la salud integral que atiende el cuerpo y las conductas. Hay que saber combinarlas.

A no olvidarlo, somos seres sentipensantes, sentimos y pensamos al mismo tiempo, por lo que, siguiendo el método socrático, se trata de activar la reminiscencia o las ideas que están adormecidas y latentes en el alma de las personas, dispuestas a dinamizarse con formas de pensamiento que trascienden la percepción sensorial. El diálogo es lo que les hace encontrarse en el camino a las opiniones, los sentires y los pensares, es decir, a los sentipensamientos.

Los tres filtros en la turbulencia informativa

Un pasaje conocido sobre el pensamiento socrático es el diálogo que entabla sobre uno de sus discípulos y en el que expone la importancia de considerar tres filtros: verdad, bondad y utilidad, como criterios válidos para calificar las argumentaciones discursivas. Veamos

  • ¿Sabes, Sócrates, lo que acabo de oír sobre uno de tus discípulos?
  • Antes me gustaría que pasaras la prueba del triple filtro. El primero es el de la Verdad. ¿Estás seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
  • Me acabo de enterar y…
  • O sea que no sabes si es cierto. El segundo filtro es el de la Bondad. ¿Quieres contarme algo bueno sobre mi discípulo?
  • Todo lo contrario.
  • Con que quieres contarme algo malo de él y sin saber si es cierto. No obstante, aún podría pasar el tercer filtro, el de la Utilidad, ¿me va a ser útil?
  • No mucho.
  • Si no es cierto, ni bueno, ni útil, ¿para qué contarlo?

Es cierto, ¿para qué contarlo?, o ¿para qué transmitirlo?, o ¿para qué adelantarlo como primicia informativa?, o ¿para qué compartirlo?, o ¿para qué retuitearlo?

Estas preguntas son clave para una comunicación política que se ponga a la altura de la profundización de la democracia, así como para la capacidad ciudadana de entablar diálogos que valgan la pena darse, y no dejarse conducir por los chismes que se desplazan como aludes, o por fake news que se convierten en criterios de verdad, aunque partan de informaciones falsas.

Estamos en presencia de patologías de la información, las mismas que tienen tres formas de expresión. Una, las fake news propiamente dichas o noticias falsas, que se caracterizan por su contenido inexacto. Una segunda categoría la constituye la mala información, realizada con el expreso interés de hacer daño, y que se caracteriza por un discurso de odio, que puede contener distorsiones o filtraciones de información que necesita constatarse. La tercera categoría la compone la desinformación, cuyo interés es enredar el ambiente a veces partiendo de contenidos falsos o inexactos, y otras veces también desde contenidos verdaderos que se lanzan ignorando el contexto, expuestas con visos de escándalo, con lo que se deriva en conclusiones que no son válidas y que podrían estar escudando una agenda oculta.

Sobre las noticias falsas hay muy poco que decir, salvo que su presencia se ha naturalizado, especialmente en las redes sociales, aunque no únicamente, y en consecuencia circulan libremente sin lugar a sanción, a veces ni siquiera moral. Un ejemplo reciente, en pleno proceso electoral, es la acusación por parte del Ministro de Gobierno a una mujer inocente por supuesta autoría del rapto de un bebé. La acusación, ventilada en los medios de comunicación y no en los estrados judiciales, provocó un escándalo mediático y social. A la señora se le hizo un daño social inimaginable. También a los medios de comunicación que propalaron la información haciéndose víctimas de un engaño que les alerta en sus modos de comprobación de las noticias. Pasados los días, el tema ya no ocupa más las agendas, el ministro sigue ufano como si nada hubiera pasado, ni la justicia ni las autoridades de gobierno dicen nada, mientras que la señora afectada arrastra un daño del que difícilmente podrá ser resarcida.

En relación a la mala información o la información lanzada con el expreso fin de lesionar moralmente a las personas, organizaciones o situaciones a las que hacen referencia, los ejemplos son abundantes. La tónica de la campaña en la primera etapa, con arrastres a la actual, tuvo uno de sus pilares en la desacreditación de los rivales políticos. La encarnizada, o mejor descarnada, arremetida, especialmente contra las dos candidaturas mejor ubicadas en la preferencia electoral, el MAS-IPSP y Comunidad Ciudadana, al no tener un diseño destinado más que para el show mediático, acabó revirtiéndose contra sus denunciantes. Pero más allá de esto, que vale como lección política, esta forma de información elaborada para hacer daño, en el caso electoral partió de un menú variado que se expresa unas veces en indicios, otras en sospechas, también en mentiras, y así mismo de verdades.

La desinformación, en cambio, tuvo más aplicaciones bajo la forma de distractores que se pusieron en agenda para llevar la atención hacia otros temas. En este momento podemos citar tres casos. Uno que parte desde el gobierno, con una nueva acusación por estupro al ex presidente Morales, mientras pasan decretos que en situaciones normales provocarían revuelo social, como por ejemplo la ley para el uso de semillas transgénicas en la siembra de maíz.

Otro ejemplo, la reposición en la agenda pública y los temores ciudadanos de un rebrote de la pandemia, después de haber declarado el desconfinamiento, asegurando una situación de meseta controlable; este hecho, en la lectura ciudadana es parcialmente de alerta y altamente de sospechas de intentos para nuevamente cambiar fechas del día de elecciones o, en su caso, anularlas. En la misma línea, las declaraciones sobre posibilidades de fraude y de cuestionamiento a la labor del Órgano Electoral, alimenta incertidumbres, quizás no tanto sobre el proceso electoral, sino sobre las consecuencias posteriores a la luz del reconocimiento o no del resultado de las elecciones.

Por supuesto que las mencionadas categorías no constituyen categorías estancas, sino que se combinan permanente, a veces un contenido inexistente con otro manipulado, otras una sospecha con una mala información, y muchas posibilidades de combinación más. Siendo éste el contexto, caracterizado por trastornos de la información, se hace menester aplicarse en la lectura de la realidad en su situación real, de la realidad construida por los medios y las organizaciones políticas, y de la realidad que danza sin control ni medida en las redes sociales.

Para ello resulta de utilidad el triple filtro socrático: verdad, bondad y utilidad, planteándose antes de admitir, transmitir, compartir o retuitear una información, preguntas clave que Albertina Navas las organiza del siguiente modo. Sobre la verdad: ¿Me consta? ¿Puedo probarlo? ¿Estaría en capacidad de sostenerlo ante cualquier persona? ¿Estaría dispuesto a jugarme mi reputación por esto? Sobre la bondad: ¿Beneficia o hace sentir mejor a otras personas o a mí mismo/a? ¿Despertará emociones positivas? ¿Mejorará la situación de las personas involucradas? Y sobre la utilidad: ¿la vida de otras personas o mi vida mejorarán? ¿Podrían los involucrados hacer alguna acción práctica con esa información? ¿En qué les perjudicaría a mis contactos no saber esta historia?

El triple filtro socrático nos recuerda que los seres humanos somos seres sociales, con responsabilidades y con derechos que debemos hacerlos valer en nuestros procesos de socialización y de construcción de la democracia. Debemos decirlo, nos corresponde contar historias verificadas, respetuosas, positivas, constructivas y contextualizadas. Vale por ello preguntarse ante cada situación, ¿cómo me afectaría si yo fuera la víctima de las calumnias, o de los memes, o de las sospechas, o de la visibilización de mi intimidad para hacerme escarnio?

Que la verdad se imponga por sobre todas las cosas, aunque no venda rating, aunque no provoque gracia, aunque no genere likes, aunque aburra. Lo importante es que provoque ira, justicia, diálogo, reencuentros y acuerdos.

Entre la cicuta y la votación

No es para desanimar a nuestros lectores, pero no puedo dejar de mencionar en este escrito que Sócrates fue sometido a juicio y que fue condenado a muerte por envenenamiento con cicuta. Su culpa consistió, según sus jueces, en que incitó a los jóvenes a rebelarse contra la religión y dioses del Estado supremo, ya que cultivaba las aporías o paradojas y contradicciones, generando desconcierto y no certezas, para contribuir de este modo a la desestabilización de la polis o ciudad – Estado ateniense.

Según Foucault, la concepción tradicional de la moral más que normativa era estética y aristocrática, y Sócrates plantea otros atributos que se amplían a otros estratos sociales, provocando las lecturas, comprensiones y aspiraciones de la sociedad desde los mismos sujetos y ya no de un Estado decisor que digita desde arriba a una ciudadanía pasiva.

Recogiendo esta experiencia, un desafío contemporáneo sigue siendo que los propios sujetos, mediados por el diálogo, encuentren la posibilidad de expresar su propia verdad, con sus palabras, en sus idiomas, desde sus identidades, es decir que ejerzan su derecho a la palabra. Sumado esto a la necesidad de códigos que velen por la integridad de la sociedad y la dignidad de las personas, estamos en la antesala del derecho a la comunicación.

Nuestro análisis no busca incitar a repetir mecánicamente la co-filosofía de Sócrates, sino a recoger con criticidad sus enseñanzas, con la certeza que de este modo los líderes evitarán la flagelación a la que se someten algunos, exponiéndose a eventos sin preparar adecuadamente sus argumentaciones y sin medir los espacios y momentos de sus exposiciones. Así mismo, verán que la retórica no es el único recurso válido en política, porque lo es también, y con suficiencia, el diálogo.

Por otra parte, aspiramos a que los medios (recontra)verifiquen sus fuentes y no dejen sus roles de interpelación a los poderes, de expresión de las dinámicas sociales y de promoción de los debates. Los códigos de ética son su mundo amplio de realización democrática.

Y buscamos finalmente que las ciudadanías dejemos de depender de nuestros pulgares que nos hacen discurrir robóticamente por las teclas de los celulares sin activar nuestros cerebros, ni nuestros corazones. Todo se queda en la piel de las sensibilidades. Tenemos que pensar antes de asumir como cierta una información, preguntándonos ¿es fake?; y circularla después, siempre y cuando pase las preguntas ¿daña la honorabilidad de las personas? y ¿contribuye a nuestra democracia? Vamos a votar conociendo las propuestas, eligiendo alternativas que nos permitan enfrentar la crisis, contribuyendo a forjarnos futuro, y comprometiéndonos a coparticipar en el tejido de un país en convivencia.


[1] En la polis griega, kleroterion es la selección aleatoria de ciudadanos para ocupar cargos estatales, teniendo en democracia todos las mismas oportunidades.

Adalid Contreras es Sociólogo y comunicólogo boliviano, experto en estrategias de comunicación

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