Opinión

Un certero autogolpe a la Confederación de la Prensa

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Por: Hernán Cabrera M.
Periodista – ex dirigente sindical de la prensa de Santa Cruz

Ivan Canelas Alurralde, periodista, ex dirigente de la Confederación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia, ex ministro del gobierno de Evo Morales y ahora gobernador de Cochabamba, en octubre de 2007, dio a conocer su libro “Libertad, prensa y medios”, Marco legal, normativo e histórico de la legislación de prensa. Un gran aporte y  uno de los pocos donde se reúne las leyes, códigos de ética, mandatos internacionales sobre la libertad de expresión y el ejercicio del periodismo en Bolivia.

La Ley de Imprenta, Ley de Profesionalización del periodista, Estatuto Orgánico del Periodista, los códigos de ética de la Confederación de la Prensa, y luego la Constitución Politica de febrero de 2009, refrendan y garantizan el ejercicio del derecho de la libertad de expresión y de prensa en el país. Pero que ese derecho en estos últimos tiempos ha estado restringido desde el poder, a través de ciertos mecanismos, como los procesos judiciales a los periodistas que denuncian un hecho irregular que cometen funcionarios gubernamentales, municipales o de las gobernaciones; los contratos publicitarios que desde el poder se condiciona a que los medios y los periodistas no sean críticos a los errores o denuncias de corrupción que comprometan a las autoridades del Estado: presidente, vicepresidente, ministros, viceministros, diputados, senadores, jueces, fiscales, alcaldes, concejales, gobernadores, asambleístas, ejecutivos de empresas estatales, etc.

De igual modo, la forma de silenciar y mantener congelados a las organizaciones sindicales de la prensa ha sido, la construcción de grandes sedes sindicales, pero previo a ello, la cooptación de las dirigencias, tal como ocurrió hace cuatro años de la Confederación de Trabajadores de la Prensa, cuyo directorio solo obedece los dictados del poder. Al extremo que en estos días su ejecutivo, dijo que la prensa y el gobierno son aliados, y que “apoya al hermano Presidente Evo”. Cada persona podrá tener su opción política que quiera, pero no puede comprometer a la institución, sea cual sea.

Una aclaración. Es obligación de todo gobierno construir y entregar sedes sindicales a las organizaciones que quiera, y hay que agradecerle. Lo hizo Evo y lo han hecho los anteriores gobiernos. Este no es el problema, de ninguna manera. El problema es ético, orgánico y sindical, por cuanto una sola persona ha hablado a nombre de los miles y miles trabajadores de la prensa, que con seguridad no se les consultó su opinión, no se convocó a asambleas, y no se respetó las directrices fundamentales de la organización sindical, y también esos afiliados son parte de la pluralidad ideológica que ha caracterizado a la prensa boliviana.

Es un tema muy delicado, que con seguridad los afiliados, tendrán que asumir las acciones que correspondan.

Es así que ese ejecutivo ha cometido una grave falta ética y orgánica, porque ha puesto al límite de la vergüenza y de la falta de credibilidad de la población hacia la prensa. No se puede comprometer la opinión, el prestigio, la independencia sindical y la historia de la Confederación, por donde han pasado grandes periodistas, como el mismo Canelas, Remberto Cardenas, Freddy Morales, Pablo Zenteno y otros, que supieron dirigir en el marco de la autonomía y del respeto a la máxima organización de los trabajadores de la prensa de Bolivia, que incluso tiene su propio Còdigo de Etica, aprobado en marzo de 1991 en Trinidad, que señala la ruta a seguir por sus afiliados.

El ejecutivo de la Confederación de la Prensa tiene el derecho de tener su convicción política, pero no tiene ninguna facultad para entregar en bandeja a la institución sindical al poder, ni tampoco utilizarla para conseguir intereses personales. Las once federaciones de trabajadores de la prensa tienen el reto de reaccionar ante esto hecho que se viene arrastrando, de lo contrario, significará que también son parte de este circo, o fueron consumidos por el miedo y la complicidad.

Recuerden que la prensa y el poder mantienen una relación tensa y de respeto, nunca una relación de convivencia o de complicidad y que el bien colectivo del ejercicio periodístico es la verdad y el pueblo, no es congraciarse con el poder de turno, si hace lo contrario, es un cínico.

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