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Xi Jinping: «Estamos dispuestos a pelear la sangrienta batalla contra nuestros enemigos» 

Agencias.- Con un discurso de exaltado tono patriótico, el presidente de China, Xi Jinping, ha clausurado este martes la Asamblea Nacional Popular, el Parlamento orgánico del régimen. Tras reformar la Constitución para perpetuarse en el poder y colocar a sus aliados en la cúpula del Gobierno, Xi Jinping ha querido dejar nueva constancia de su poder absoluto con una alocución final. 
Encumbrado como el dirigente más poderoso desde Mao Zedong, el «padre de la patria», Xi Jinping ha reafirmado la legitimidad de este peculiar modelo político y económico que ha logrado el extraordinario progreso de China combinando el autoritarismo del comunismo con su apertura al libre mercado capitalismo. «La Historia ha probado y continuará demostrando que solo el socialismo puede salvar a China», aseguró Xi Jinping mientras los aplausos de los diputados resonaban en el descomunal auditorio del Gran Palacio del Pueblo. 
«El pueblo chino ha sido indomable y perseverante», dijo ante los casi 3000 delegados reunidos en el Gran Salón del Pueblo, en Beijing. «Estamos dispuestos a pelear la sangrienta batalla contra nuestros enemigos», añadió. 
Xi se mostró a favor del «rejuvenecimiento de la nación china» y aseguró que el país cuenta con los medios para «ocupar el lugar que le corresponde en el mundo«. 
Enarbolando este «socialismo con características chinas», el presidente destacó que «el Partido Comunista es el supremo liderazgo político del país y la garantía fundamental para lograr el gran rejuvenecimiento de la nación», como la propaganda ha definido al objetivo de alzarse como superpotencia global a mediados de este siglo. 
Para ello, instó a los diputados a «trabajar duro por los intereses de la gente normal», que a su juicio son los «auténticos héroes» de China. «El pueblo chino ha sido indomable y persistente, tenemos el espíritu de luchar la sangrienta batalla contra nuestros enemigos hasta el amargo final», dijo con una belicosidad que chirría con su promesa de «auge pacífico». 
En su discurso, Xi Jinping también lanzó un serio mensaje a Taiwán, la isla que permanece separada del régimen chino desde el final de la guerra civil en 1949 y cuya soberanía es reclamada por Pekín. Días después de que Estados Unidos estrechara sus lazos con Taiwán, que es independiente «de facto» pero solo es reconocido por una veintena de Estados, Xi volvió a insistir en el «principio de una sola China» y abogó por una «reunificación pacífica» en el futuro.

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